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9 de mayo de 2011

LA IMPORTANCIA DE UNA HUMILDE COMA


Gracias a unos planes de estudios cada vez más disparatados, a nuestros muchachos y muchachas ya no se les enseña a leer y escribir correctamente.  Aquellas clases de lectura en párvulos, y las interminables líneas de escritura que con toda corrección había que ralizar en los cuadernos de caligrafía ya no existen. No tendría nada que decir de los nuevos métodos pedagógicos si les viese resultado, pero a lo mejor/peor por miopía intelectual no los veo.  Luego llegaba la EGB o el Bachiller, y había que redactar, leer libros e incluso escribir con corrección y lógica en los exámenes.
Bien es cierto que además estaban Salgari y Julio Verne y hasta Marcial Lafuente Estefanía que hacían las delicias de una muchachada sin televisión ni toda la electrocacharrería subsiguiente. Ni a favor ni en contra, sólo constato un hecho: vivimos en una sociedad cada vez más ágrafa. No me voy a acoger al ejemplo facilón de la especie de taquigrafía adolescente inventada para los mensjes “k krms eskrvir nl mvl”. Eso no tiene mayor importancia. Pero desen  ustedes un paseíllo por los foros de los periódicos digitales: ¡si a muchos de los foreros no hay quien los entienda! Y para más tristeza, algunos escritores no sé si porque así lo creen o por epatar, parece que ponen la proa contra las normas ortográficas y de puntuación. Pues vale; ya me dirán cómo nos entendemos por escrito si no hay una norma única para todos. Como si en un partido de fútbol cada jugador se atuviese a su propio y exclusivo reglamento.

 Pero me he enrollado mucho, cosa de la que un profesor o exprofe (lo mismo da) tiene que huir como del diablo. Así que fijémonos en la imagen que encabeza este artículo. Foto recién hecha en el día de ayer en la calle de Tentenecio (Salamanca; algúna otra vez hablaremos de tan curioso nombre). Ahí, sobre la realidad, estudiemos la importancia de una coma en las tres primeras líneas:

a)   Con coma: “Dulces de las monjas, bebidas….” Es decir, el comercio vende los dulces hechos por unas virginales monjitas y diversas porquerías para beber. Lo de las porquerías lo digo por el anuncio de un más que dudoso refresco yanqui que también consta en la pizarra.

b)   Sin coma, tal como está escrito: “Dulces de las monjas bebidas….” (léase de un tirón). El comercio ofrece unos dulces de unas monjas que, mientras los hacían, se bebieron las botellas del anís que constaba en la receta, el vino de cocinar, el de consagrar y terminaron en un botellón claustral con  el Licor del Polo de una hermana de Peñaranda de Bracamonte  que se cuida mucho la dentadura, a falta de nada mejor. Lógicamente, el comerciante no dice nada sobre responsabilizarse de la calidad de unos dulces hechos en tales condiciones de ebriedad manifiesta.

Quiero suponer que la versión buena es la a) y que la confusión se debe a no tener ni idea de la importancia que puede tener un humilde coma.  Aunque … 


3 comentarios:

samuel17993 dijo...

Buenísimo...Una pregunta:¿ los dulces tenían alcohol? Segunda: ¿Estaban buenos? Y tercera: ¿Tuvieron que ir al hospital? Porque si estaban en ese estado las pobres monjitas... uff... yo no querría probarlos, además de que cómo diabético no puedo.

Un saludo de Samuel.

Daniel García-Parra dijo...

Pues los siento Samuel, pero no los he probado aún. Me dan un no se qué algunas expriencia "místicas".

Antonio dijo...

Tengo muy buen recuerdo de mi profesor don Santiago. Me dio lengua y literatura en el Instituto hace muchos, muchos años.
A él le bastó menos dos segundos para darse cuenta que el nivel de lectura y escritura de su nuevo curso era de pena. Nos dijo -todavía me acuerdo-: -tal vez este año no veamos nada de Antonio Machado, ni de Hernández... porque creo que en la vida lo mínimo que debe saber una persona es leer, escribir y hablar, aunque de lo último, lo justo.
Nos mandó comprar unos libritos que había de ortografía y todos los días nos dictaba un texto que trabajaba alguna regla. También leíamos en voz alta y no hizo escribir cuentos, poemas y artículos para un periódico. Así, todo el curso.
Al principio nos no sentó demasiado bien que siendo como éramos unos chicos tan mayores tuviéramos entre nuestros materiales de estudio el librito “Breve ortografía escolar” de Manuel Bustos Sousa. Pero con el tiempo llegamos a valorar su gran proeza de enseñarnos a leer, escribir y hablar. Sobre todo creo que perdimos el miedo a enfrentarnos a una hoja en blanco y el miedo a hablar en público.
En el curso siguiente tuvimos suerte y don Santiago pudo seguir con sus enseñanzas.

Portada del librito: http://www.buscalibros.cl/img_prod_gig/129_70096.jpg