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3 de noviembre de 2012

PRERROMÁNICO ASTURIANO: SANTA MARÍA DEL NARANCO Y SAN MIGUEL DE LILLO



Entre valles, montañas y fragosidades varias, siempre verdes y maravillosas, se esconde en Asturias una joya de las artes de las Españas distintas: la arquitectura prerrománica asturiana cuyos monumentos más conocidos  son Santa María y San Miguel de Lillo que desde las faldas del monte Naranco nos hablan de un reino astur perdido entre las leyendas y la niebla de la historia.

Es una arquitectura original que se desarrolla a caballo entre los siglos VIII y IX, época en que el reino de Asturias está encajonado entre las montañas y el mar sobreviviendo a duras penas, aislado del resto del mundo ante la presión militar de Al-Ándalus y el desierto demográfico en que se ha convertido toda la cuenca del Duero.

Tres características caben destacar en este arte prerrománico:

1.- Es una evolución directa de la arquitectura y esquemas decorativos visigodos. No hay que buscarle influencias externas porque no las hay.

2.- Detrás de la construcción de cada uno de los edificios que conocemos está la mano de la monarquía. Son los reyes los que impulsan y financian su construcción con fines aúlicos.

3.- Como consecuencia de los dos puntos anteriores, el arte asturiano presenta una gran uniformidad y escasa evolución en sus formas a lo largo del tiempo.

Los historiadores fijan su origen  en la construcción del templo de Santa Cruz de Cangas de Onís, mandado erigir por Favila (el sucesor de don Pelayo que tuvo un mal encuentro con un oso) según nos cuenta la Crónica de Alfonso III. De esta iglesia tristemente no queda nada salvo el acta fundacional. Cuando el rey Silo cambió la capital de Cangas a Santianes de Pravia hizo construir en esta última un segundo templo dedicado actualmente a San Juan. Era seguramente de planta basilical aunque ha sido modificado en diversas ocasiones durante los tres últimos siglos. Prometo fotos en otra ocasión, cuando me haya regalado un viaje para ir a verlo.

Pero las joyas del prerrománico asturiano las encontramos en lo que queda del complejo aúlico que construyó Ramiro I (842-850) en la recién fundada ciudad de Oviedo. Son Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo.

Según la Crónica Rotense, Ramiro “después de que descansó de las guerras civiles, edificó muchos edificios de piedra y mármol, sin vigas (sine lignis), con obra de abovedado, en la falda del monte Naranco”.  La Crónica Ad Sebastianum dice “Entre tanto dicho rey (Ramiro) fundó una iglesia en memoria de Santa María… construída solamente en cal y piedra; si alguien quisiera ver un edificio similar a ése, no lo hallará en España. Además edificó no lejos de la dicha iglesia palacios y baños bellos y hermosos”.

Hay que tener en cuenta que esa Iglesia de Santa María de la que nos refiere el cronista, se trata de la actual San Miguel de Lillo que cambió de advocación cuando el Aula Regia ramirense pasó a ser la Iglesia de Santa María del Naranco como nos lo refiere la Crónica Silense de principios del siglo XIII: “fabricó (Ramiro) tan hermosa iglesia, bajo la advocación del Arcángel San Miguel, que cuantos la ven aseguran no haber visto otra igual a ella en hermosura… Hizo también a distancia de sesenta pasos de la Iglesia un palacio sin madera, de admirable fábrica y abovedado abajo y en lo alto, el cual fue convertido en iglesia después y allí se adora a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios.

San Miguel de Lillo era, en consecuencia, la capilla palatina del conjunto residencial. Lamentablemente del edificio original sólo se conserva en la actualidad la estructura tripartita del pórtico y la tribuna y un primer tramo de las naves contiguo. Un hundimiento en la Edad Media nos privó del resto.

En cuanto al palacio de Ramiro, la actual Santa María, los cronistas no describen un complejo amplio sino sólo el palacio y los baños. Le faltan elementos esenciales de las residencias de los reyes medievales como la exedra o salón del trono. 
Es por ellos que los historiadores se inclinan por pensar que Santa María fue una residencia de recreo donde descansar, disfrutar de las magíficas vistas y celebrar banquetes como el que nos describe la tapicería de Bayeux en apreciamos una construcción de dos pisos, con escalera lateral, que recuerda mucho al palacio ramirense. En la segunda planta vemos al rey comiendo animadamente con sus acompañantes. Siempre ha sido bueno ser rey como nos contaba Mel Brooks en una de sus disparatadas películas.

Algo de todo este he querido mostrar a Vds. en un reportaje fotográfico que realicé hace poco en un espléndido día otoñal. Lo pueden ver en “Mis fotos” -columna derecha-,  o en este enlace:


Aunque Asturias bien vale un viaje que es lo que les recomiendo.

Artículo relacionado: "Del origen del Prerrománico Asturiano. Debate"

Fotos realizadas por el autor. La del Tapiz de Bayeux ha sido realizada sobre una ilustración del Summa Artis.