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13 de diciembre de 2011

ENTENDER EL ARTE: LA CAJA DE OTEIZA



Esta es la segunda carta que nos envía nuestra compañera Laura Mínguez en la que, tomando como referencia “La Anunciación “ O “La Caja” de Jorge Oteiza y el artículo que sobre la misma escribió Manuel Vicent hace unos días, nos hace una  brillante reflexión sobre la necesidad de entender o no entender el arte contemporáneo.

La Caja

Hace unos años visité el Museo de Bellas Artes de Valencia, también llamado de San Pío V, con un grupo de profesores de Historia e Hª del Arte. Me pareció precioso, tanto el continente como su variado contenido y lo digo desde el principio.

En una de las salas se exponen pinturas del primer Sorolla, algunos son cuadros de un estudiante que se inicia, copias de los maestros y retratos, libres o encargados, de personajes de su época, otros ya muestran lo que con el tiempo sería la seña de identidad por la que reconocemos su estilo.

De entre todas las pinturas hay dos que me prendieron el corazón, son dos retratos: el que hizo al Conde de Artal en 1900 (creo) y el que hizo a D. Amalio Gimeno en 1919.

La mirada del Conde de Artal, reforzada por su pose y la austeridad del entorno refieren directamente al Caballero de la mano en el pecho, no sé si intencionadamente. Impresiona.

El retrato que hizo a D. Amalio Gimeno muestra a un hombre elegante, recostado y ligeramente dormido en un jardín, debajo de una higuera o de una parra, no lo sé, a la hora de la siesta.

Lo que me impresionó de él es una pequeña pincelada blanca en un mechón de canas sobre la frente que recoge un rayo de luz que se cuela entre las hojas: hay que conocer la luz del Mediterráneo levantino en verano, a la hora de la siesta, para que esa pincelada se convierta en el centro de toda la pintura y no es que la protagonice es que ordena a todas las demás cómo deben tocar esa partitura.

Entender el arte es una expresión bastante promiscua ¿qué es entender, qué es el arte? Se me escapan los absolutos. Lo femenino en el arte se puede expresar conceptualmente como un recipiente, como un receptáculo cóncavo sobre el que medio vuela un elemento que apenas cierra el espacio y que deja escapar la luz: el misterio de lo divino que se entrevé pero que no es todavía y que se muestra desde el interior y desde el fondo, desde lo más primigenio, la tierra. Se anuncia algo importantísimo ¿por qué si no una luz tan poderosa y tan etérea surgiendo de algo tan geométrico y tan duro como una caja de hierro negra? ¡qué contraste!

Si se ha concebido metálica y se ha expresado en tres dimensiones a lo mejor tiene que ver con el origen del autor y la manera en la que su entorno le empuja a ver la realidad. No lo sé, no soy vasca, puedo ver la luz de mi tierra en la pincelada rectora pero no puedo mirar con los mismos ojos un cubo de hierro. No lo reconozco.
¿Entender o reconocer? ¿Es necesario?

Autora: Laura Mínguez

Fotos: Retrato de Dn. Amalio Gimeno  de  Sorolla y "La Anunciación" de Oteiza.

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