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30 de septiembre de 2011

CARTA A LOS REYES




Estimados Reyes (Borbones): hace mucho tiempo que no me dirijo por carta a nadie que suba de Delegado Provincial. Antes escribía a los Magos, pero a partir de los siete años más o menos, por culpa de un desengaño de tipo familiar, dejé de hacerlo y como Papá Noel parecía más bien republicanote y por aquel entonces el horno no estaba para bollos ni roscones pues me quedé sin tener a quién escribir, así, que fuese de real importancia.

Hoy, quizás con el atrevimiento de los muchos años y la nostalgia, quiero recuperar esa tierna costumbre de escribir a sus Majestades. Bueno realmente, a Su Majestad el Rey (SM a partir de ahora y así le ahorro unas cuantas teclas a la artritis) porque de la Señora Reina sé poco y no quiero meter la pata que el carácter teutón es muy suyo.

Ha sido una larga vida los dos juntos. La primera noticia que tuve de SM fue por un desgraciado accidente de niñez ocurrido en Estoril al que, por doloroso, es mejor no referirse. Luego SM vino a España y los curas de mi cole dijeron que iba a estudiar en otro cole como el mío. No lo voy a negar, me sentí orgulloso. Luego he leído que aquello fue un pegote que se tiraron los curas, gente de no mucho fiar puesto que también me mintieron con aquello de que me iba a quedar ciego por circunstancias que no vienen al caso. Ha hecho bien SM en no dejarse ver demasiado con la clerigalla.

La siguiente noticia es que se casó con una muchacha griega de buena familia. Hasta vi una foto en el ABC. Ya éramos los dos más mayorcetes: SM había hecho la mili con éxito y estaba guapo con su uniforme de oficial. Yo no pasé de cabo furriel y el traje de paseo, que era de segunda vida, me venía enorme. Pero eso fue después; en esos momentos empezaba mi andadura por bachilleres superiores y universidades y el que me preocupaba de verdad era el otro: el pequeñito barrigón de voz aflautada que llevaba una especie de corona de pelo en su calva cabecita. El mismo que estaba sentado a su lado el día que SM juró los Principios del Movimiento ante los Procuradores en Cortes ¿se acuerda? Eso también lo vi en la tele de blanco y negro a la que mi padre de vez en cuando le daba una cachetá para que se le quitasen las rayas. A partir de ese momento SM empezó a ser más popular. Por los chistes. Le juro que eran los falangistas los que se los inventaban, que nosotros andábamos en revoluciones más serias.

Así, como a lo tonto, un día se murió el generalito (-ísimo) chiquitín y allí estaba SM contándole a los Procuradores que iba a ser el Rey de todos los españoles. De las broncas que tuvo SM con su primo que le quería quitar la plaza por haberse casado con la hija del enano, o con su padre de usted que decía que en su casa (real) mandaba él y otras mandangas, nos enteramos luego. Fueron meses de sorpresas: resultó que los fascistas eran demócratas de toda la vida, que los comunistas eran monárquicos y que los socialistas existían y los comandaba un muchacho muy guapo con acento sevillano. Qué cosas ¿eh? Tristemente, también entendimos en nuestras carnes que los terroristas eran simplemente asesinos y no luchadores por la libertad y que nos llevaron al borde del abismo.

Qué cara más desencajada tenía SM la noche del 23F. Ahí por poco le echan de la empresa y al resto de los españoles nos aplican un ERE a nuestros derechos ciudadanos. A pesar de que el golpe lo dirigió su profesor-tutor, de que se nos hicieron eternas las horas que tardó en hablar con los capitanes generales y que los golpistas y alguna prensa pestosilla quisieron hacerle pagar los platos rotos, la gente creímos que fue SM quien nos salvó de una nueva noche oscura del alma y a partir de ahí todo fue sobre ruedas.

Nos preocupábamos cuando SM se estrellaba contra puertas de cristal, o cuando se partía el alma en pistas de esquí. Hacíamos un guiño cómplice cuando se le estropeaba el yate estando de fiestecita con su primo el inglés y nos alegrábamos cuando se casaban sus niñas y le hacían abuelo. Nos asombrábamos de lo que crecía el niño y de lo guapa que estaba su novia morganática (la del niño) el día de la boda, dándonos lástima de lo que llovía.

Toda una vida juntos. Ahora ya estamos mayores (SM más que yo). Nos están saliendo peplas y andamos más de médicos que de cervecitas con tapa. Yo me he jubilado. No le he podido dejar mi puesto de trabajo a mi mayor porque resulta que para ello tiene que hacer una carrera y aprobar una oposición.  Pero SM no tiene ese problema, no sé si porque su chico ya ha aprobado la oposición de Rey o porque todavía existe la designación divina o lo que sea. Así que pienso, ¿por qué no aprovecha SM, se jubila, disfruta lo que le (nos) quede sin tener que andar por esos mundos de Dios cojeando y de malas maneras? Si le preocupa que al muchacho no le dure mucho el puesto a mí también me preocupa que el mío consiga hacer unos estudios como Dios manda. Ya sabe SM cómo son los jóvenes de hoy en día. Además, republicanos, lo que se dice republicanos, quedan muy pocos y no salen del hogar del jubilado y el resto de los conciudadanos no han aprendido aún a distinguir entre el Jefe del Estado o el presidente del Gobierno. Así que ¡ea! ni se lo piense que merecido lo tiene SM. Aprovecho para saludarle afectuosamente.


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4 comentarios:

Samuel17993 dijo...

Buenísima, sin más. Lo de las oposiciones ha sido grandioso... Todo el relato (carta) ha sido muy buena, de principio a fin; lo único, preguntarte, ¿Las has escrito tú, o otro? Porque está genial. La voy a recomendar... Un saludo de Samuel.

Daniel García-Parra dijo...

Hola Samuel; por el contexto puedes ver que la he escrito yo. Palabrita del Niño Jesús

Claudia Baelo dijo...

Hola: ¡qué buen blog!,lo sigo desde hace tiempo y mi enhorabuena,hoy decidí comentar porque la carta es ingeniosa,dice verdades como puños y me ha hecho sonreír.Sí,por los clavitos del niño Jesús que es buena!
Un saludo

Daniel García-Parra dijo...

Gracias Claudia