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27 de septiembre de 2011

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS


Llamamos futurible al ejercicio intelectual de intentar adivinar qué hubiese ocurrido en la Historia  si los hechos hubiesen sido de otra manera. ¿Cómo hubiese sido Europa si los griegos hubiesen sido derrotados en Salamina y Platea y los persas hubiesen llegado hasta Italia o Hispania? ¿Y si los ejércitos de Gengis Khan hubiesen utilizado la pólvora para crear un cuerpo de artillería en lugar de inventar los fuegos artificiales? ¿O que Hitler hubiere aprobado el acceso a la Academia de Arte de Viena y llegado a ser un pintor de éxito? ¿Que Napoleón no hubiese pasado de cabo furriel? ¿Que Jesús hubiese llegado a viejo rodeado de hijos y nietecitos, disfrutando de su pensión de carpintero jubilado?

Todo historiador que se precie se aparta de estas cuestiones con sonrisa sardónica y un punto de desprecio: “Bah, son futuribles”. ¿Menosprecio o algo más profundo? En definitiva toda la ciencia histórica es un esfuerzo para sistematizar y racionalizar el devenir de los hechos del hombre basándonos en las palabras totémicas “causa y efecto”. De esa manera todo tiene su explicación, su orden y nos aleja del caos: unas causas determinadas producen unos efectos predecibles o, al menos explicables, aunque sea a posteriori. Sustituímos la casualidad por la causalidad y nos sentimos seguros dentro de unos parámetros ordenados y racionales. Lo contrario es admitir que no existe lógica en nuestra existencia, que los hechos ocurren porque sí, ciegamente, que el caos y el horror del vacío del universo son parte consustancial de nuestras vidas. En definitiva, que vivimos en el corazón de las tinieblas.

La otra alternativa para alejarnos del ciego desorden pasa por inventarnos dioses que saben lo que hacen y por qué lo hacen. No hay hoja que se mueva sin el consentimiento de Dios. Existe un plan divinal que todo lo explica y todo lo ordena, aunque nosotros no sepamos verlo. Además, afortunadamente, son dioses sobornables: con nuestra sumisión, nuestros sacrificios, nuestra adoratriz humillación ante ellos, podemos ser los benditos que nos alejemos del oscuro desorden, del mazazo imprevisible que nos hunda en el horror de una naturaleza de la que formamos parte pero que no sabe que existimos. Bien es cierto que cualquiera de los dioses tienen mucho de paranoicos, son egocéntricamente enfermizos e incluso presentan caracteres esquizoides y sociópatas: destruyen ciudades por practicar la homosexualidad, provocan inundaciones de carácter universal por no cumplir con no sabemos muy bien qué leyes divinas, condenan a muerte a todo ser humano por haber mordido una manzana (miento; por haber comido del Árbol de la Sabiduría que nos haría como dioses). Bien, lo que usted quiera, pero si yo le ofrezco a la divinidad ir descalzo en el próximo festejo procesional, encontraré trabajo, o novia o se me curará el divieso de sálvese la parte. Y eso da seguridad ¿no? Dios siempre sabe lo que es mejor para nosotros y estamos en sus manos.

De ahí el desprecio del historiador hacia el futurible. Admitir que la Historia no está ordenada de forma lógica, científica, mensurable y, casi, predecible es admitir que manoteamos en el corazón de las tinieblas y que los dioses, si existen, están locos.

1 comentario:

samuel17993 dijo...

Tienes muchas razón. Nuestra historia es demasiado racionalista; y he decir que todo tiene su lógica, pero no tiene porque tener un devenir, ya que puede cambiar. Sí,debe de haber algo que nos condicione, algo de orden, pero también la Libertad y el Caos. Vivimos en el espacio, el mismo caos , como lo llamaban los griegos o otras culturas, pero lo llenamos, la vida en sí, de lógica; será, por esto, que hay un poco de las cosas.

No sé si acierto, o no; las cosas son relativas, subjetivas, ya que están condicionadas por nuestro ser, por las palabras, que decía Nietszche que eran metáforas de las cosas, y por eso debe ser que todo, sin excepción, es relativo, e ilógico, pero debemos elaborar una lógica, algo que pueda entender, pues hasta el caos e ilógico tiene una razón, pero no la entendemos, a veces, como en caso de Hitler, Jesús y demás, es el azar.

Por cierto, el tema me gusta mucho, porque de eso que hablas, más bien al comienzo, la relatividad, es algo que trata la Historia Alternativa, la cual me encanta. Espero algún otro artículo de este tipo. La verdad y sinceramente, escribes muy bien.

Un saludo de Samuel.