Select a language

18 de marzo de 2011

DON NICETO ALCALÁ-ZAMORA, PRESIDENTE DE ESPAÑA

Acabo de llegar del VI congreso sobre republicanismo, celebrado bajo el título “ESPAÑA ANTE LA REPÚBLICA, el amanecer de una nueva era, 1.931” que ha tenido lugar en Priego de Córdoba, en el corazón de las Serranías Subbéticas andaluzas.  Espectacular paisaje de montañas y olivos con la Historia que rezuma por las venas de sus cientos de ríos y riachuelos. Además se tapea bien, muy bien, magnífico patrimonio intangible a no ser que te subas a una báscula, cosa que ni he hecho nunca ni lo haré más.

Priego es la patria chica de don Niceto Alcalá-Zamora, Presidente de la República desde el 14 de Abril 1.931  hasta las elecciones de 1.936 en las que gana el Frente Popular y es nombrado Presidente don Manuel Azaña.

Don Niceto, que provenía de las filas monárquicas puesto que tuvo el cargo, si bien brevemente, de ministro con Alfonso XIII, fue una hombre políticamente moderado, profundamente católico, lúcido intelectualmente, gran orador, marido enamorado y bueno, esencialmente bueno. Alguien capaz de hacer parar una comitiva presidencial porque le daba miedo que se hiciese daño a unos “shiquillos”, como decía con su acento cordobés, que se aproximaban excesivamente a los carruajes.

Pero independientemente de su ideario político o religioso, procuró por todos los medios ejercer bien su oficio de Presidente constitucional. Jamás se inclinó por un partido u otro puesto que como Jefe del Estado su papel era el de moderador. Tuvo que hacer encaje de bolillos con las intemperancias de la izquierda o las barbaridades de la derecha. Firmó leyes que iban contra sus creencias católicas porque las había aprobado el pueblo soberano a través de sus representantes en el Parlamento. Siempre creyó en la República como única forma de gobierno de futuro para España y, hasta el último momento, pensó que la traición del ejército apoyado por la Iglesia y los latifundistas era evitable. Finalmente se tuvo que exiliar en Argentina donde murió viudo y solo, soportando hasta las más indignas vejaciones de una dictadura fascista que jamás le perdonó haber sido el Presidente de España.

Estuve visitando su casa familiar en Priego. Actualmente es un pequeño museo dedicado a su memoria. En un rincón del jardín, grabada en bronce, se puede leer la siguiente frase de don Niceto: “El motor de una democracia es un pueblo educado”. Algo se me removió en el alma, como cuando un amigo se va. Vivimos en una España con una clase política que parece (¿parece?) descapacitada mental y cultural cuando la escuchas hablar con sus “de que”, “posicionamientos” , “visualizaciones”, “ lo que es” muletillas, neologismos absurdos, anacolutos, temblores ovejiles dubitativos y pérdida de ideas (las que quizás tengan) sin la salvación de un papel que mal leer por delante. Si cambiamos de paisaje, ahí está una prensa cerril dando patadas en los mismísimos a la sintaxis y semántica; una parte de la población entregada a una televisión enfangada y encanallecida con programas dignos de juzgado de guardia; hordas tribales que encuentran su autoestima en el rugido colectivo ante once descerebrados que se ganan la vida con los pies, olvidando que el deporte es muy otra cosa. (Dejo un espacio en blanco para que cada cual añada lo que quiera …………………… ). Y con la que nos está cayendo, en un pueblo de la Andalucía profunda encuentro el recuerdo de alguien que desde un pasado cercano, que se intentó borrar a sangre y fuego,  nos dice que es la educación el motor de la democracia. Con hombres así, republicanos de corazón,  siempre queda la esperanza de poder sacudirnos, algún día, la casposidad colectiva que nos ensucia el futuro.

Foto: busto de don Niceto Alcalá-Zamora en su casa natal de Priego.


1 comentario:

falsasideas dijo...

Cierto es, siendo un hombre muy católico hizo lo mejor que se pudo intentar para España en aquella época. Pero, aún siendo una mente brillante sabemos que el cargo de Presidente de la República se le dio por miedo; miedo a que el pueblo se acercase a posturas más conservadoras de nuevo. Los políticos de ahora sólo quieren una cosa, chupar del bote, no valen para otra cosa; sus discursos son absolutamente vacíos de contenido, sólo se acuerdan del pueblo en víspera de las elecciones, la mayoría no presentan un ideario claro (muchos partidos ya no se acuerdan de donde provienen sus siglas) y por si fuera poco la corrupción llega a unos límites alarmantes; pero bueno, es tradición española: ¡Olé, olé!