Select a language

31 de agosto de 2012

MI TIERRA EN LLAMAS



Hola amigos. Final de las vacaciones y reencuentro con la cotidianeidad de nuestros espacios, trabajos y compañeros. Después de dos meses sin tocar un teclado salvo para ojear la prensa y el correo electrónico, tenía preparadas varias ideas para una reentrada amable y distendida por el aquél de la angustia postvacacional.

Pero no ha podido ser. La realidad siempre se impone a nuestros proyectos en muchas ocasiones de forma descarnada y cruel. Hoy, según escribo esto, están ardiendo los paisajes, bosques, montes y casas de la tierra mía. Una parte del sur de Málaga entre Coín, mi patria chica de adopción,  y la costa mediterránea está quedando calcinada por el fuego. Poblaciones como Mijas, Ojén, Monda, Alhaurín el Grande y la propia Marbella ven aterrorizadas cómo su patrimonio natural de monte bajo, inmensos pinares y fauna desaparecen en forma de llamas, humo y cenizas.

Malditos sean los malnacidos autores directos de semejante desastre. Pero no sólo ellos. Maldita sea la dejadez criminal  de nuestros administradores responsables del malgasto de los recursos con los que podríamos haber prevenido y combatido el fuego,  de aquellos quienes han dejado los parques de bomberos  sin plantilla ni medios suficientes, de quienes han degradado los bosques con una planificación urbana salvaje y desastrosa, de las autoridades que olvidaron que los bosques necesitan de limpieza y mantenimiento, tareas que darían mucho trabajo y crearían una riqueza patrimonial inestimable.

Y maldito sea un sistema capitalista salvaje que ha convertido a campesinos y agricultores en trabajadores (¿esclavos?) de la construcción, la más brutal y especulativa de nuestra historia, generadora a la corta del paro y el fracaso medioambiental.  Un sistema que ha hecho inviables las pequeñas explotaciones agrícolas tradicionales a favor de una agricultura industrial e intensiva que está dejando nuestro campo despoblado cambiando hombres por máquinas y huertas por horizontes de plástico.  

Y sin el hombre, sin su trabajo, sin sus cuidados, el bosque acosado por urbanizaciones, herido por carreteras y autopistas, desgarrado por canteras imposibles, menospreciado por todos los que lo ven únicamente como suelo urbanizable, ese bosque digo, está condenado. Él y nosotros, no lo olvidemos.

Fotos: Diario Sur y El País.

4 comentarios:

José Luis dijo...

Todavía llega el humo a mi casa. Miras a Sierra Blanca y ves una columna marrón grisácea que asciende desde Juanar, y te preguntas que estará pasando en esa maravilla de bosque mediterráneo, de sus pinos centenarios, de sus alcornocales, del mirador desde el que tantas veces hemos disfrutado de una vista espléndida, y no puedes evitar pensar qué será de una de las últimas reservas de capra hispánica que quedaba al sur del Sistema Central. El pueblo de Ojén (4.000 habitantes) sigue vacío, fantasma, con sus gentes evacuadas y realojadas donde se puede. El alcornocal de Elviria es un recuerdo, los pinares de Entrerríos unos tocones ennegrecidos. Se teme que el frente norte supere Monda y se acerque a los pinsapares de Sierra de las Nieves. No hace ni un mes, un ministro de ¿Medio Ambiente? anunciaba la eliminación de restricciones para urbanizar playas y espacios periurbanos protegidos. Ya es tarde, no hay nada que proteger.

periodico paraguay dijo...

Muy buenoooo!!!

Antonio dijo...

La superficie quemada de nuestros bosques este verano ha sido inversamente proporcional al interés que muestraron nuestros políticos en protegerlos.
Lamento mucho este triste comienzo de curso.

Antonio dijo...

Lógicamente, he querido decir "mostraron" y no "muestraron". Discúlpenme.